domingo, 10 de febrero de 2013

La Brujas no se Quejan: Primera Regla


1. REGLA LAS ANCIANAS NO SE QUEJAN
Para ser una anciana necesitas librarte de los "hubiera o hubiese". Es preciso silenciar las quejas mentales que no tardarán en escapar por tu boca en cuanto encuentren la ocasión. Lamentándonos no somos capaces de vivir el presente, y tampoco somos una compañía grata (ni siquiera para nosotras mismas). Las quejosas 
dan por sentado que merecían, y todavía merecen, una vida diferente de la que poseen, y no comprenden que a todos nos ha tocado en suerte nuestra parcela de desgracias, como le ocurre al más común de los mortales  Incapaces de mostrar gratitud por lo que ya poseen, las quejosas no saben disfrutar del presente.
«Lo que fue, fue. Lo que es, en cambio, es.» Tal como suena. Quizá pensaste que te casarías y viviríais felices y comeríais perdices, tendrías los hijos ideales y (a partir del Movimiento para la Liberación de la Mu­jer) ejercerías también la profesión soñada. ¡Ya ves! Y, mira por dónde, pasara lo que pasara, o no pasara, en nuestra juventud, todo eso es "lo que fue"; y no podemos prescindir de ello. El pasado es el pasado. La me­nopausia marca el fin de los años de procreación. Este hecho, junto con otros acontecimientos también reales, es "lo que es".

Expresar dolor, sin embargo, no es lamentarse. In­cluso lloriquear no es lamentarse. Quizá nuestro orga­nismo no se encuentre en su mejor momento, o sinta­mos diferentes dolores -aunque nosotras pongamos todo de nuestra parte, desde el punto de vista médico (y otros), para solventarlo-. A lo mejor los problemas son de índole económica. Sea cual sea nuestro caballo de batalla, podremos contárselo a las personas que ne­cesitan y quieren saber lo que nos ocurre, aunque tan sólo sea para poner al día a los amigos con los cuales compartimos la historia cambiante de nuestra vida.
Ahora bien, las ancianas no aburren a los demás con toda una letanía de sus síntomas. Una anciana sabe que tanto ella como sus problemas no son el centro del universo, y sabe que los demás también atraviesan dificultades. Una anciana no tolera que los niños se quejen, ni siquiera los niños interiores. Sobre todo si son los propios.
Una valoración honesta no es una acusación; es un diagnóstico que funciona, un punto de partida para ayudarte a resolver la insatis­facción.
¿Te compadeces de ti misma? ¿Has caído en ese estado de resentimiento en el cual vas repitiendo «pobrecita de mí»? ¿Has perdido tu razón de ser? Si es así, ¿cuál podría ser, en tu caso, el equivalente de la fra­se: «Lloraba porque no tenía zapatos hasta que conocí a un hombre que no tenía pies»?

A medida que envejecemos, sobre todo si tenemos tendencia a manifestar nuestros sentimientos de forma abierta no nos cuesta demasiado encontrar cada vez más motivos de queja, lo cual entraña el riesgo de su­frir una transformación negativa y de terminar asu­miendo el papel de la madre-mártir arquetípica. Con un poco de olfato, humor y sabi­duría, no obstante, no nos dominará esa capacidad para la queja que se encuentra en nuestro interior en aque­llas ocasiones en las que quizá deseamos algo distinto a lo que tenemos.
Algunas quejosas se despiertan en mitad de la noche al revivir incidentes pasados en los que las trataron con poca consideración. Ése podría ser un buen momento para intentar "pasar página", aunque sólo sea para tra­tar de dormir un poco. Si éste es tu caso, hay algo que puedes hacer hasta que te quedes dormida. También será una manera de escuchar a la anciana.
Respira des­pacio y presta atención a tu respiración. Escucha las palabras que te diría la anciana (mientras al mismo tiempo te las repites a ti misma, o bien las piensas), y luego escucha lo que dice ella de sí misma.

Inspira. Eso forma parte del pasado.
Espira. Esto es el presente.
Inspira. Yo soy.
Espira. Paz.

La anciana interior se caracteriza por poseer un ojo muy observador y un oído sensible. Cuando la conoz­cas, te pillará lamentándote o compadeciéndote de ti misma; y una vez te ha pillado, ya puedes prepararte: lamentarse es un comportamiento indigno de una an­ciana.

SHINODA BOLEN Las brujas no se quejan
Imagen ElisabethKubler-Ross by Diana Vandenberg book Crone
Colección Sabias y Fuertes Mujeres de Edad avanzada

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