jueves, 28 de febrero de 2013

Las Brujas no se Quejan: Décima Regla


10. LAS ANCIANAS IMPROVISAN
La mayoría de las ancianas podría definir la vida como una obra improvisada en constante proceso. Sin embargo, este momento de sus vidas en el que se encuentran no fue el destino que planificaron. Podríamos decir que han sufrido muchas "encarnaciones" en esta vida, al mirar hacia atrás y contemplar las etapas, los 
lugares y las personas que fueron importantes para ellas en distintas épocas. …Jamás nos fue dado un sendero único por el cual caminar.

Es bastante frecuente que las mujeres de esta generación se hayan casado más de una vez, hayan vivido en pareja y hayan tenido varios o muchos compañeros sexuales. Algunas tuvieron hijos pronto, y ya son abuelas Otras fueron madres tardías, cuando unas cuantas amigas de su misma edad entraban en una temprana menopausia.

Como mujer en edad madura es posible que nuestra familia de origen resida en algún punto geográfico muy distante del que vivimos en la actualidad. Quizá también llevemos una vida muy distinta a la de ellos.
A lo mejor accedimos a profesiones y empleos que en el pasado estuvieron vetados para el género femeni­no, o a los cuales sólo accedían las mujeres con un pa­pel simbólico; o bien hemos sido amas de casa toda la vida, o nos contrataron para un puesto de trabajo que tradicionalmente se reservaba a las mujeres. Puede que incluso nos hayamos quedado a residir en la ciudad na­tal y hayamos estado casadas con un solo hombre con el cual formamos una familia.

Con independencia del pasado, los cambios en general se producen durante los años de vejez. Se inicia la jubilación, que puede durar más años que la vida laboral si aceptamos una jubilación anticipada y disfrutamos de una larga vida. Las mujeres suelen sobrevivir a sus maridos, y convierten la viudez en una nueva eta­pa muy completa. El nido ya está vacío, y los polluelos quizá han terminado viviendo muy lejos.

La flexibilidad, el ingenio, una buena salud, amigos, la capacidad de aprender y seguir creciendo, sentirse necesaria o prestar algún servicio, poseer intereses cautivadores  junto con la capacidad de disfrutar solas, son cualidades que nos ofrecen la oportunidad de improvisar una buena vida. Gracias a la curiosidad y al espíritu aventurero hay ancianas que descubren todo un nuevo mundo de intereses. Algunas finalmente retoman lo que dejaron "en barbecho" durante décadas. Hay mujeres que florecen tardíamente en todos los aspectos de la vida. Cuando Mamá se convierte en viuda, por ejem­plo, a menudo sus hijos adultos se sorprenden de lo independiente que se vuelve al constatar cuánto viaja, o con qué empeño se pone al frente del negocio.
La etapa de la vejez es una época en la que muchas mujeres buscan modos de "devolver". Profundamente conscientes de las oportunidades que han tenido, las mujeres maduras engrasan las filas del voluntariado en todas las comunidades, son abogadas y activistas a todos los niveles.

Una anciana es ella misma. Acepta el cambio, aprecia lo bueno  que hay en su vida, se lamenta por lo que muere o pierde vitalidad, pero sigue adelante. Su identidad no queda definida por el papel social o 
profe­sional que representa; la actividad que lleva a cabo y la persona con quien comparte su vida son expresiones de su misma persona, no de su identidad. Cuando llega la hora de poner fin a una etapa de su vida, sabe hacerlo, lo cual le permite iniciar una nueva fase. La verdad es que ella no se inventa a sí misma de un modo intencionado  más bien improvisa, se adapta al cambio, reacciona ante lo que compromete su energía. Si la metáfora fuera la música, el instrumento sería su persona, y el profundo tema de su melodía, el que imita los latidos de su corazón. Cada etapa es como un movimiento distinto de una obra fundamental, con variaciones sobre el mismo tema. Mientras la música no cese, las mujeres maduras no dejarán de improvisar.

SHINODA BOLEN Las brujas no se quejan
Imagen by Sandra Bierman

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