viernes, 15 de febrero de 2013

Las Brujas no se Quejan: Quinta Regla


5. LAS ANCIANAS MEDITAN A SU MANERA
Muchísimo antes de que los gurus llegaran a Esta­dos Unidos con los mantras y la meditación, las muje­res que se preparaban para ser ancianas, así como las mismas ancianas, encontraban el momento y el modo para meditar. Llamémosle "lavar los platos y mirar por la ventana", "doblar la ropa y pensar", "soñar despierta" o "no hacer nada". A lo mejor empezó como aquel ratito en que una se tomaba una taza de café o 
té en si­lencio antes de que la casa despertara y comenzara el alboroto que sólo se daba por concluido cuando lográ­bamos que todos salieran por la puerta. Puede que fue­ra lo que hacíamos al pasear, o incluso lo que nos su­cedía atrapadas en ese atasco diario. En ese momento nos venía a la mente una idea, o veíamos en todo su es­plendor algo bonito, o bien recordábamos un sueño o una conversación. Era una especie de reunión interna cuáquera de duración indefinida en la cual el silencio invitaba a rememorar pensamientos, imágenes y senti­mientos en un lugar más espacioso, situado en la men­te o el corazón.
Las mujeres que se preocupan sin cesar no meditan en absoluto. Insistir en mantener conversaciones del tipo "ella me ha dicho o él me ha dicho" o albergar pensamientos catastrofistas no es meditar. La medita­ción no es preocuparse o rememorar dolores y resenti­mientos pasados, ni siquiera confeccionar listas de propósitos.

En la actualidad se en­seña la introspección, pero muchas mujeres la llevan a cabo de un modo natural. Si te gusta disfrutar de tu propia compañía, valoras el tiempo que pasas sola y descubres, a medida que envejeces, que pareces haber­te vuelto más introvertida, es muy probable que hayas estado practicando tu propia forma de meditación.

Quizá el término "piadosas" es el que describe con mayor precisión lo que hacen las ancianas. Guardar algo en el corazón y sopesarlo es una forma de meditación  Guardar a alguien en el corazón sin ningún tipo de sentimiento posesivo, también lo es. A medida que envejecemos la lista de personas que ya han muerto y todavía recordamos se va alargando. En los momentos que dedicamos a la meditación, las abrazamos con ternura desde el fondo de nuestro ser (en aquel lugar del pecho donde colocamos las manos instintivamente, una sobre la otra, en un gesto que significa: «te aprecio muchísimo» o «te quiero»).
La piedad y la meditación se alían en el instante en que vemos y valoramos de verdad algo bello, y en ese momento mandamos algo parecido a una oración en forma de postal de agradeci­miento mientras le abrimos la puerta a belleza.

Disponer de momentos de silencio en nuestra vida diaria resulta cada vez más difícil, incluso en esta ter­cera etapa de la vida. Muchas ancianas dedican un tiempo a la meditación, bien como práctica espiritual, o bien como una forma de disminuir el estrés y alejar­se de casa y del lugar de trabajo con el propósito de es­tar solas y acompañadas de muchísimas otras personas que las dejan tranquilas.

La vida interior va ganando importancia a medida que maduramos. Por lo general, disponemos de más tiempo en el que desarrollar nuestra vida interior; y dormir menos de lo habitual es algo que nos proporciona hojas extra.
Adquirimos conciencia de las cosas cuando nos de­leitemos a fijarnos en los comportamientos y a ver los acontecimientos con mayor distancia que cuando estábamos plenamente implicados en ellos. A través de esa reflexión, nuestro estado de sabiduría aumenta. Cuan­do dedicamos esos momentos a la reflexión, vemos la importancia de la persona, y no su apariencia exterior, y nos damos cuenta de que, cuando las personas actú­an de un modo determinado, sus actos tienen que ver más con ellas que con nosotros.

Es entonces cuando vemos las relaciones, las ide­as y los acontecimientos pasados a la luz de una conciencia más sabia. Desde el punto de vista del alma, en esos momentos de silencio (cuando "no hace­mos nada" o meditamos a nuestra manera) es cuando los pensamientos creativos, las intuiciones y los senti­mientos más valiosos emergen

SHINODA BOLEN Las brujas no se quejan
Imagen by Sandra Bierman

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