viernes, 22 de marzo de 2013

Las Brujas no se Quejan: Treceava Regla


13. LAS ANCIANAS SABOREAN LO POSITIVO DE LA VIDA
Si eres una mujer que ha disfrutado de la vida y a quien su consabida carga personal de sufrimiento humano no ha conseguido amargarte, con toda probabilidad te convertirás en una anciana sabia y experimentada  lo cual significa que serás capaz de saborear lo bueno que te ofrezca la vida. Es algo así como saber valorar la 
chispa diaria. Las mujeres maduras saben lo afortunadas que son al seguir vivas.

Saborear consiste en focalizar toda nuestra atención en una experiencia y comprenderla de verdad. Se trata de sentir gratitud por ese momento. Si eres una anciana con sensibilidad para apreciar la belleza de la 
natu­raleza, quizá contemples un amanecer magnífico, o bien unos gansos volando en formación, recortándose contra el cielo azul, o incluso recojas una concha de la playa con forma perfecta y la exclamación que pronuncies al admirar eso estará teñida de agradecimiento. También es posible saborear un delicado y añejo coñac y ser consciente tanto de la untuosidad del licor como de la dulzura del momento. 

Las ancianas captan ciertos momentos especiales de la vida porque saben lo singulares que son en el fondo. Sentimiento que se ve potenciado por la conciencia de lo fugaz y preciosa que es la vida, y por el hecho de mantener una «actitud de gratitud», frase que MJ. Ryan convirtió en el título de un libro.

La gratitud surge al ser consciente de la existencia de posibilidades alternativas y de un momento crucial. Las ancianas suspiran con un "gracias", por ejemplo, en el momento en que hubieran podido atropellar a un peatón al cual no habían visto, o bien al detenerse a tan sólo unos centímetros del coche que, de repente, ha frenado delante de ellas. Las ancianas se muestran agradecidas cuando el resultado de la mamografía ha salido bien, o ante el regalo inesperado de un nieto recién nacido y que está sano. Las mujeres maduras se sienten agradecidas de que todavía les funcione la cabeza  y de que el cuerpo les responda como es debido. Hay mañanas en las que las ancianas se despiertan dando las gracias por estar vivas. Han conocido tiempos duros, y días malos. También saben de momentos y de épocas mágicas en los que las cosas les salían
 re­dondas. Dotadas de la capacidad de valorar y de un gran apetito por la vida, cuando las cosas van bien o algo delicioso ocurre, las ancianas lo saborean.

La gratitud es algo que conservamos en nuestro in­terior y que se manifiesta cuando algo en particular nos invita a hacerlo. La gratitud es una práctica espiritual maravillosa, de hecho. Cada vez que dejamos escapar un «¡ohhh!» de admiración, o saboreamos un momen­to determinado, surge de nuestra alma el sentimiento de dar las gracias por estar vivas, sentimiento que inunda nuestro corazón. Sí, tiene que ver con la belle­za de contemplar los gansos volando en lo alto, pero es mucho más: es dar las gracias a los gansos, a la natura­leza y al creador. Diría más, incluso: es dar las gracias por encontrarnos en el momento presente, por saber que ocupo un lugar en el universo. Sí, consiste en estar presente en este concierto en particular, y más aún: es la gratitud que surge de saber apreciar que una música como ésta pudo ser compuesta y tocada, y saber que además puedo escucharla. Vayamos más lejos, si cabe; es la gratitud por algo que existe y está más allá de las palabras: una comunión.

Las ancianas, las brujas, son expertas en reconocer los buenos momentos que nos ofrece la vida.

SHINODA BOLEN Las brujas no se quejan
Imagen by Sandra Bierman

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