viernes, 14 de junio de 2013

La Recuperación de la Intuición como Iniciación
Tener buena intuición, buen poder, causa trabajo. En primer lugar en la observación y comprensión de las fuerzas negativas y desequilibrios tanto internos como externos. En segundo lugar, causa esfuerzo el reunir la voluntad para hacer algo con lo que uno ve, por el equilibrio, o para permitir que algo muera.
No te mentiré: es más fácil deshacerse de la luz y dormirse, pues con ella vemos claramente todos los lados de nosotros mismos y de otros, tanto lo desfigurado como lo divino, y todas las condiciones entre ambos.
Sin embargo, con esta luz vienen a la consciencia los milagros de belleza profunda en el mundo y en los 
humanos. Con esta luz penetrante uno puede ver más allá de la acción mala hasta el corazón bueno, uno puede vislumbrar el espíritu dulce aplastado bajo el odio, uno puede entender mucho en lugar de sólo estar perplejo. Esta luz puede diferenciar las capas de personalidad, intención y motivos en los otros. Puede determinar la consciencia e inconsciencia en uno mismo y en los demás. Es el espejo en el que todas las cosas se perciben. Es la profunda naturaleza salvaje.
No obstante, hay momentos en que sus informes son dolorosos y casi imposibles de soportar: pues también señala donde hay traiciones preparándose, donde hay falta de valentía en quienes dicen lo contrario. Señala la envidia que yace como grasa fría detrás de una sonrisa cálida; señala las miradas que son meras máscaras del disgusto. En relación a uno mismo, su luz es igualmente intensa: brilla sobre nuestros tesoros y nuestras debilidades.
Una de las discriminaciones más importantes que podemos hacer en esta cuestión es la diferencia entre las cosas que nos atraen desde afuera y las cosas que nos llaman desde nuestra alma.
Elegimos algo porque casualmente estaba bajo nuestras narices en ese preciso momento. No es necesariamente lo que queremos, pero es interesante, y mientras más lo miramos, más atractivo se vuelve.
Cuando estamos conectados con el yo instintivo, con el alma de lo femenino que es natural y salvaje, entonces en lugar de mirar lo que casualmente está en exhibición, nos decimos:
¿De qué tengo hambre?
Sin ver nada externamente, nos aventuramos dentro de nosotros y preguntamos:
¿Qué es lo que anhelo?
¿Qué deseo en este momento?
¿Qué apetezco? ¿Qué quiero? ¿Qué ansío?
Se requiere de espíritu, voluntad y sentido del alma, y a menudo significa insistir en lo que uno quiere.
Mujeres que corren con los lobos. Clarissa Pinkola Estes.
Imagen Lindy Longhurs

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