viernes, 13 de septiembre de 2013


PODER DE AMAR
EMOCIONES
Muchas personas suponen que el camino hacia la iluminación y el autodominio implican, si no negar, por lo menos trascender las emociones "negativas". ¿No deberíamos elevamos por encima de nuestros instintos más bajos y ascender al gozo tranquilo y a la compasión por todos los seres que nos corresponden por derecho natural? Estoy convencida de que esa trascendencia es sólo un camino hacia una ecuanimidad ilusoria que se derrumbará tan pronto como nos veamos ante un verdadero desafío de la vida. Si nos 
creemos capaces de trascender el miedo, la ira y la tristeza, probemos subimos al subterráneo que va de Manhattan a las profundidades de Brooklyn a medianoche y veamos cómo nos va. O visitemos el museo del holocausto en Jerusalén, ¿Por qué alguien querría trascender el ser real, el estar vivo? ¿Por qué no querríamos experimentar el corazón? Las emociones básicas son esenciales para nuestra supervivencia y bienestar pleno. El desafío no consiste en trascenderlas sino en transformar nuestra relación con ellas. Necesitamos amigarnos con nuestros sentimientos y expresarlos con pureza y franqueza. La falsa identificación de iluminación con trascender los sentimientos viene de muy antiguo.
Se cuenta una historia de un maestro tibetano cuyo hijo había muerto. Cuando sus discípulos vinieron a ofrecerle condolencias lo encontraron llorando en el jardín. Se quedaron pasmados imaginando que si hubiera alguien capaz de sobrellevar con ecuanimidad la muerte de un ser querido, ése no podía ser otro que su maestro. Le preguntaron:-Maestro, ¿por qué lloras? Mirándolos directo con los ojos empapados en lágrimas, el maestro les contestó:-Lloro porque mi hijo ha muerto y estoy triste.
Estamos hechos para sentir. El problema es que se nos ha enseñado desde pequeños a eliminar y negar nuestras emociones.
Nuestro objetivo es lograr la espontaneidad y la pureza de las reacciones emocionales de la niñez sin que nos arrastren sus huracanes.
Lo que buscamos es lo que el filósofo Paul Ricoeur definió como "segunda inocencia": frescura de respuestas, espontaneidad sazonada de sabiduría y experiencia. Para lograrlo necesitamos dejar que nuestras emociones emerjan, conocerlas y apropiarlas: permitirles fluir en nuestra vida de modo de tener miedo de lo que realmente nos amenaza, enojarnos ante lo que invade nuestra integridad, llorar cuando algo nos duela, sonreír cuando las cosas van bien y preocupamos por las necesidades verdaderas de los demás. Cuando todo esto se ponga en marcha, comenzaremos a saber algo sobre el amor. El AMOR es energía emocional que fluye correctamente.

Gabrielle Roth Mapas al éxtasis Enseñanzas de una chamana urbana
Imagen Carol Cavalaris


No hay comentarios:

Publicar un comentario