lunes, 2 de septiembre de 2013


PODER DE SER
SEXUALIDAD
Ser plenamente sexuales significa vivenciar la plenitud de cada ritmo en nuestros encuentros eróticos. Estamos llamados a deslizamos suave, palpitante, salvaje y maravillosamente son las olas de la energía sexual, que nos arrojan a las arenas del paraíso. Intentemos hacer el amor comenzando por una tranquila interacción de ritmos fluidos.
Elevarse y hundirse mutuamente en el otro, compartir caricias fluidas y delicadas, explorar y afirmar cada zona del cuerpo de la otra persona con movimientos circulares suaves y dejar que la energía se incremente lentamente a medida que el cuerpo se enciende y abre. Este es el camino al éxtasis sexual. Sólo cuando ambos cuerpos se encuentren completamente abiertos, en relajación dinámica, y la energía fluya plenamente, debe el hombre penetrar a la mujer. Entonces, los movimientos fuertes, suaves y fluidos continúan dentro y en los abrazos entrelazados.

Nuestros cuerpos pasarán solos a un ritmo más staccato, la energía se hará más percusiva e insistente, la tensión y la excitación más elevadas. Lo mejor es dejar que esta energía palpitante se eleve naturalmente sin empujarla.. Irá creciendo más y más, cada vez más fuerte sus juegos cada vez más dulces, hasta que sobrepase las represas de nuestro control y desborde en una profunda fase caótica. Aquí nos conviene rendimos a la energía, dejar que nos arrolle; si lo hacemos, una apasionada fuerza instintiva nos poseerá y transportará adonde jamás hemos estado antes. Esta entrega nos lleva a un nivel aun más profundo. Es allí donde comienza a generarse el orgasmo y donde no deben existir prisas por terminar, por acortar la dulce ansiedad de la espera o la deliciosa explosión celular que llega a su clímax.

Esta explosión, si es total, reverbera en todo el cuerpo, en todo el ser, soltando todo en nuestro interior, liberando nuestros bloqueos .Con este orgasmo total, explosivo, arrollador, que sacude todo el cuerpo, derivamos hacia una meseta de luz, hacia una intimidad gozosa. Estoy convencida de que la tristeza poscoital es sólo una romantización equivocada de la insatisfacción del sexo "rápido", una experiencia totalmente distinta del acto sexual pleno, expresivo, con todo el tiempo a disposición. Tras el verdadero orgasmo, luego de la entrega al caos, viene la fase lírica: continúa la conexión genital, pero la energía cambia. Comenzamos a acariciamos y a miramos con aprecio mutuo, honrándonos y amándonos de nuevo .Poco a poco la energía se calma y da paso a una quietud maravillosa, completa y satisfecha. Aquí reside la hondura de nuestra curación, ese profundo sentimiento de unidad, de conexión, de euforia de ser. Llega el sabor del éxtasis, del gozo puro e incondicionado, de un lapso en el tiempo perfecto y pleno. Cuánta delicia en el éxtasis sexual. No el tipo de experiencia que produce un encuentro de una noche: es probable que todo el movimiento hacia un sexo responsable traiga el insospechado beneficio de enseñamos la verdadera forma de hacernos el amor.

Es cierto que una sexualidad orgásmica plena requiere una libertad emocional y un tránsito de nuestro desarrollo sexual a través de todas sus fases naturales, algo que suele ser poco frecuente. Si el corazón no está libre como para experimentar el poder del amor, si nuestras emociones están bloqueadas y los sentimientos reprimidos, no hay forma de experimentar un orgasmo total ni un bienestar pleno. Si nuestro desarrollo sexual permanece en un estado de atrofia, sólo será posible realizar nuestras plenas capacidades si descubrimos dónde nos hemos atascado y trabajamos rítmicamente cada fase

El poder para estar en armonía con el ritmo de la vida, con sus olas y ciclos, nos pertenece por derecho propio. Este es el PODER DE SER, la presencia y el carisma que tanto deseamos

Gabrielle Roth Mapas al éxtasis Enseñanzas de una chamana urbana
Imagen Jo Jayson







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