miércoles, 30 de octubre de 2013


Hay otra manera de comprender la razón de que las mujeres retrasen su regreso a casa, una razón mucho más misteriosa que consiste en la excesiva identificación de una mujer con el arquetipo de la sanadora.
El arquetipo de la gran sanadora sugiere sabiduría, bondad, conocimiento, solicitud y todas las demás cualidades que se asocian con una sanadora. Por consiguiente, es bueno ser generosa, amable y servicial como el arquetipo de la gran sanadora. Pero sólo hasta cierto punto. Más allá de él ejerce una influencia 
entorpecedora en nuestras vidas. El impulso que experimentan las mujeres de “curarlo todo y arreglarlo todo” es una peligrosa trampa creada por las exigencias que nos impone nuestra cultura y que consisten sobre todo en las presiones que nos obligan a demostrar que no estamos ahí sin hacer nada como unos pasmarotes sino que poseemos un valor amortizable; podríamos decir incluso que en algunas partes se nos obliga a demostrar que valemos para algo y que, por consiguiente, tenernos derecho a vivir. Estas presiones se introducen en nuestra psique cuando somos muy jóvenes e incapaces de juzgar y oponer resistencia. Más tarde las presiones se convierten en ley, a no ser que las desafiemos o hasta que nos decidamos a hacerlo.

Pero los gritos del mundo que sufre no pueden ser atendidos constantemente por una sola persona.
Sólo podemos responder a los que nos permiten regresar a casa con regularidad, de lo contrario, las luces de nuestro corazón se van apagando hasta quedar reducidas prácticamente a nada. A veces lo que el corazón desea socorrer NO coincide con los recursos de que dispone el alma.
Clarissa Pinkola Estés
Imagen Christian Schloe

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