lunes, 7 de octubre de 2013

PODER DE AMAR
I. MAPA DE LAS EMOCIONES

e. La compasión
La compasión nace como fruto del miedo, la ira, la tristeza y la alegría. Cuando reconocemos estas emociones en la vida cotidiana, podemos empatizar con ellas en la vida de otras personas y comenzar a darles precisamente lo que necesitan. La compasión no es siempre un abrazo, a veces es como una cachetada en el rostro. Implica ser capaz de sentir lo que la otra persona siente y al mismo tiempo conservar el suficiente desapego como para percibir qué necesita y reaccionar de manera adecuada. Podemos sentir el
temor, la ira o el dolor de la otra persona y saber que no nos pertenece, sino que la emoción nos conecta. Si somos realmente compasivos, cuando alguien se siente asustado no nos asustamos, sino que somos capaces de sentir y conectamos con ese miedo. Nuestra empatía será genuina, pues estaremos libres de confusas proyecciones propias

La compasión supone reconocer las emociones que operan en otras personas y responder en forma adecuada. Es como un camaleón: puede poner cara de miedo, ira, tristeza, alegría o incluso indiferencia según lo requiera la situación. El Buda compasivo tiene una sonrisa en un ojo y una lágrima en el otro. Nuestra misión búdica consiste en llevar a las personas a la liberación, y no tomarles la mano y decirles que todo va a salir bien. El malentendido común consiste en que la compasión significa sentir lástima por la otra persona. Esto no va más allá de un mero sentimentalismo: sentir lástima sin tener ninguna intención real de hacer algo por la situación de la otra persona, es una salida barata, empañada por la ilusión de ser alguien bueno y solidario. A todos nos agrada creernos compasivos y amables, pero no sabemos en realidad qué significa.

Compasión significa darle a alguien lo que necesita, lo cual no coincide siempre con lo que desea. Imaginemos, por ejemplo, que estamos con un hombre que se siente triste. No es una actitud compasiva tratar de convencerlo de que no está triste y hacer de cuenta que todo está bien. Si lo estuviera, no se sentiría triste. Es mejor sentir el corazón de esa tristeza, comprender y afirmar el hecho de que tiene que pasar a través de ella, no por alrededor ni por encima, y puede que incluso haya que llorar con él. No sólo estamos rodeados de falsa compasión y desentimentalismo carente de toda ética, sino también de insensibilidad y crueldad.

En este sentido, la compasión es como un recipiente vacío. Si estamos llenos de nuestro propio miedo, no podemos responder al de otra persona. Sólo cuando comenzamos a ser un instrumento emocional bien afinado podemos cantar la melodía y la letra de los sentimientos de los demás. Y si realmente sentimos los sentimientos del otro, sabremos responder de la manera adecuada, y no a través del filtro deformado del miedo, la ira o la tristeza sin resolver. Se puede decir que la compasión es la ausencia de emoción de la cual toda emoción fluye, así como la quietud dinámica es la fuente de todo movimientoGabrielle Roth Mapas al éxtasis Enseñanzas de una chamana urbana
Imagen Tanya Torres


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