miércoles, 16 de octubre de 2013


PODER DE AMAR
II. LA CANCIÓN DEL CORAZÓN
El canto y la canción son parte integral de toda cultura. En las canciones expresamos nuestra furia y nuestro dolor, nuestras alegrías y tristezas, nuestro amor y preocupaciones. En las sociedades tradicionales, todos cantan. En las aldeas africanas y en las escocesas, o en las comunidades aborígenes de América, las canciones son de todos y para todos. En cambio, para el individuo contemporáneo y secular, el canto se ha convertido en una especialidad: cantan los cantantes profesionales, los demás escuchamos. Sin embargo,por 
motivos que apenas conocemos, las canciones continúan como una parte vital de nuestra existencia. 
La gente escucha canciones día y noche, en el auto o en la casa. Nuestra hambre de canciones y nuestra adulación de los cantantes, señalan nuestra desesperada necesidad de participar en la expresión visceral de las emociones. Si la magia de un cantante nos muestra cómo explorar la gama completa de las emociones, algo que podemos hacer para activar los sentimientos es descubrir al cantante que llevamos dentro. Una manera fácil de empezar es cantar seguir a los cantantes que nos gustan y con los cuales nos identificamos. Busquemos canciones que nos conecten con nuestro miedo, ira, tristeza, alegría y compasión. Los sentimientos se atascan en la garganta. La tristeza ahoga y el miedo constriñe. Sí pudiéramos lamentar nuestras aflicciones a toda garganta, como lo hacen las campesinas españolas, o gritar nuestro júbilo, como lo celebra un zulú, volveríamos a sentir el pulso de la emoción pura.
Cantar es una forma simple e inmediata de liberar el flujo de sentimientos y de mantenerlo fluyendo día adía. Despertemos al cantante que hay en cada uno, así como lo hicimos con el bailarín, no para convertimos en cantantes profesionales, sino en seres humanos plenos. Si no nos atrevemos a cantar, podemos murmurar, libremente, dejando salir el sonido desde lo profundo del vientre, sintiéndolo vibrar en el cuerpo. Luego murmuramos desde el pecho, desde el corazón, y, por último, llevamos el murmullo a su tono más alto, haciendo que vibre en la cabeza. Llegado el momento, convertimos el murmullo en melodía. Si nos abandonamos a nuestra canción, si la seguimos con el corazón, sentiremos que nuestra alma se conmueve. A veces las palabras vienen, a veces no. No importa. Dejamos que el sonido brote de nuestro interior
Esta es la voz del corazón. La voz nos conduce al corazón, del mismo modo que danzar los ritmos.
Cantar y danzar nos pone en contacto con lo que sentimos en el momento. También libera viejos sentimientos, esa energía que ha permanecido atrapada en el cuerpo. Necesitamos dejar salir tanto la energía presente que nos recorre como la energía previa que quedó encerrada. Cantemos y dancemos aquello que sentimos: Descubrir la propia voz y la capacidad de expresar sentimientos mediante canciones es una forma accesible, muy segura y privada de conocer de primera mano los contornos y la textura de las emociones básicas.
Desde pequeños se nos ha enseñado a reprimir o negar nuestros sentimientos y a operar dentro de un margen emocional estrecho, poniendo cara de felicidad y mostrándonos siempre dispuestos aagradar a todo el mundo.
Mientras tanto, la procesión va por dentro, las emociones reprimidas crecen, se distorsionan y, como consecuencia, su manifestación suele ser inapropiada y a destiempo

Gabrielle Roth Mapas al éxtasis Enseñanzas de una chamana urbana

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