viernes, 13 de diciembre de 2013



LA TERCERA TAREA CHAMÁNICA VACIAR la mente para vivir el PODER DEL VERDADERO CONOCIMIENTO
SANANDO EL CICLO DEL NACIMIENTO
MEDITACION CON LA MADRE: Imaginemos a nuestra madre sentada frente a nosotros. Centremos nuestra percepción en ella, obtengamos una idea de todo su ser, de quién es, de cómo actúa con las demás personas y en el mundo. ¿Qué nos dice esta gestalt materna? ¿Qué emociones nos evoca? Pensemos en tres cosas que nos gustan de nuestra madre. Pensemos en tres cosas que nos disgustan. Pensemos en tres deseos de ella. Pensemos tres temores. Exploremos cómo estas cualidades y dinámicas también forman 

parte de nosotros, partes que tal vez nos negamos a reconocer y a considerar propias. Imaginemos alguna forma de contacto físico con nuestra madre. Podemos acunarla en nuestros brazos, masajearle los pies, colocar la palma de la mano en su vientre. Descubramos una forma de imaginar y sentir efectivamente esta íntima conexión. Ahora dejémosla ir. Imaginémosla frente a nosotros. La miramos a los ojos y en lo más profundo de nuestro interior buscamos el valor y la fuerza para agradecerle y perdonarla totalmente. Le agradecemos por haber creado nuestro cuerpo, por alimentamos, vestimos y cuidamos. Le perdonamos de todo corazón sus fracasos, sus debilidades, sus errores, sus defectos, y le decimos que comprendemos de verdad, más que nadie, las dificultades que tuvo que sortear. Le agradecemos lo que tenemos, nuestras fuerzas y flaquezas, nuestras bendiciones y maldiciones, nuestros logros y heridas. Reconocemos que, del mismo modo que un árbol o un animal, somos perfectos tal como somos, con todas nuestras imperfecciones, y que ella es la fuente de nuestro ser. LA LIBERAMOS Y NOS LIBERAMOS 

La primera vez que realicé una meditación como ésta fue durante el entrenamiento Arica. Me tocó profundamente. Sentí la afectuosa presencia de mi madre, su naturaleza cariñosa, y también sus dudas, su temor, su• dependencia; las características de ella que yo me negaba a reconocer estaban indeleblemente arraigadas en mí. Recuerdo que me conmoví hasta las lágrimas mientras la imaginaba en mis brazos como un bebé y sentía su aliento tibio en mis pechos. La sostuve tan íntimamente, con tanta firmeza y ternura, la mecí con tanta dulzura, que ambas derramábamos lágrimas. Al día siguiente mi madre me llamó por teléfono para decirme que había pensado intensamente en mí el día anterior. Sentí más que nunca mi conexión con ella, y nuestra relación avanzó a un nuevo nivel de afecto mutuo y honestidad. Sea cual fuere la relación con nuestra madre, y por lo tanto con nuestro cuerpo, es importante reconocer el alcance de esa conexión y su efecto en nosotros.

A medida que nos curamos a nosotros mismos, liberamos a nuestros padres para que se curen a sí mismos. He visto la repetición de este hecho en muchas vidas, lo cual me ha estimulado y dado esperanzas. Al cambiar, podemos provocar cambios. Es un don poder curar a nuestros padres mediante la curación de nosotros mismos. Tenemos el poder de devolverles la libertad de ser quienes realmente son, heridos, humanos, vulnerables, y no gigantes de un cuento de hadas ni la fuerza policial de la sociedad. Personas reales. A medida que nos convirtamos en nuestros propios padres y alcancemos la PLENITUD, aliviaremos una carga psíquica de sus hombros: ya no necesitarán preocuparse por lo que hicieron o dejaron de hacer por nosotros y serán libres para ser ellos mismos
Gabrielle Roth Enseñanzas de una chamana urbana
Imagen Sandra Bierman

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