miércoles, 4 de diciembre de 2013


LA TERCERA TAREA CHAMÁNICA VACIAR la mente para vivir el PODER DEL VERDADERO CONOCIMIENTO
SANANDO EL CICLO DEL NACIMIENTO

Si, como le ocurre a la mayoría, la relación con nuestra madre fue incompleta y nuestro instinto nutrido está poco desarrollado, es momento de comenzar la curación creativa. La carencia materna es una herida que se mide por grados: en algunas personas es privación total y en otras una herida leve. Para todos, el proceso de curación implica convertimos en nuestras propias madres, brindándonos atención y cuidado real reconociendo y satisfaciendo nuestras necesidades. Podemos comenzar por lo más elemental dándonos el 
tiempo necesario para comer, para dormir, para estar en soledad, y permitiéndonos la ropa que deseemos usar. 
Algo especial que podemos hacer, de una vez, es tener un romance con nosotros mismos: tratarnos como trataríamos a una persona de la cual estuviéramos apasionadamente enamorados. Podemos regalamos flores, preparamos comidas deliciosas, escribirnos acerca de lo que nos hace especiales, alabando nuestra forma de ser y nuestros logros. Mimarnos, buscar un tiempo para estar en nuestra propia compañía, haciendo exactamente lo que nos gustaría hacer. Quienes sufren una herida materna, tienen dificultad para estar en soledad. 
Una forma de contrarrestar este síndrome del agujero negro es darnos lo que necesitamos y deseamos: una siesta, una cana al aire, un día libre, un poco de paz y silencio. Lo que no fue aprendido en forma instintiva, hay que aprenderlo ahora en forma consciente. El objetivo final no debe ser, como en los programas de recuperación de adicciones, continuar en restablecimiento permanente, en lucha contra una herida perdurable. Nuestro propósito, más bien, ha de ser curar la herida y llegar a ser enteramente libres para asumir nuestro yo. 
Comencemos a prestar atención a los componentes esenciales de la vida, al compañero o compañera, a la familia, a los amigos, al trabajo, y busquemos lo que verdaderamente necesitamos en cada situación, en cada relación. Esto no es egoísmo mezquino, sino una plenitud propia, nutriente, que nos permita estar auténticamente presentes para cada persona y para cada tarea. Si todos viajáramos aligerados de peso, sólo con lo esencial, nuestras relaciones serían mucho más ricas, libres y francas. Si amarse y atenderse a uno mismo, apreciar y honrar el propio ser, nos brota como algo instintivo, debemos agradecer a la madre. Si todo lo anterior resulta dificultoso, conviene perdonar a la madre y curamos a nosotros mismos. Conocemos cuán difíciles vivir con carencias en este instinto, y debe haber sido igual ó aun más difícil para nuestra madre. Las fortalezas y las debilidades de cada uno se transmiten a la generación siguiente, y requiere valor romper estos ciclos descendentes .Incluso quienes hemos llegado a la vida adulta sin destruimos ni marginamos necesitamos desarrollar el instinto maternal, tratándonos con respeto, honestidad, cariño, amabilidad, cuidado y atención. Si escucháramos por un momento los pensamientos que pasan automática mente por nuestra cabeza, nos sorprenderíamos ante lo duros, críticos, despectivos y negativos que somos con nosotros mismos.
Una manera de comenzar a dialogar con nosotros mismos en voz más asertiva y potenciadora es la escritura como proceso de descubrimiento personal, que exorciza males pasados y crea un presente más rico

Gabrielle Roth Enseñanzas de una chamana urbana
Imagen Helen Nelson Reed

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